Dogville y otros pueblos encantadores

Al re-emprender el hábito de leer después de un largo período de tiempo estudiando, me he lanzado directamente a los brazos de una de mis escritoras favoritas, Patricia Highsmith, escogiendo la selección de cuentos Pájaros a punto de volar. El primer cuento narra la historia de un joven neoyorquino que deja su trabajo de taxista para escaparse a un pueblecito de cuento al encuentro de una vida rural aparentemente amable y plácida, en que los vecinos son gente agradable y solícita hasta que el forastero hace algo que -al parecer-, se sale de las normas establecidas.

[Ojo, spoiler!!] Hacia la mitad de la historia todo se tuerce, y el maravilloso pueblo acogedor y bucólico se convierte, en un breve tiempo, en un sitio poblado de personas cuyas otrora amables sonrisas se vuelven muecas de desaprobación y hostilidad. Nuestro joven protagonista, decepcionado y asustado, acaba huyendo del pueblo, sin ni siquiera recuperar sus pertenencias.

En la misma línea podríamos encontrar otras historias como la que cuenta la película Dogville (2003), de Lars Von Trier, cuya innovadora puesta en escena va cogiendo significado a medida que avanza el largometraje, poniéndonos los pelos de punta. Sí, otro pueblecito aparentemente acogedor en el que luego uno no se quedaría ni para refugiarse de un asesino en serie en una noche de tormenta.

El caso es que, esa idea del pueblo apacible del que saldrías corriendo si le vieras las entrañas, me viene a la cabeza últimamente muy a menudo. Será por que actualmente estoy trabajando en uno de este tipo, y a diario veo actitudes que desvelan esa naturaleza inquietante. Si a sólo veinte kilómetros de Barcelona tengo estas sensaciones, ¿cómo será en esos pueblos de autobús interurbano diario?

Seguiré observando…

Aunque algunos rincones de Barcelona en algunos barrios vendría a ser lo mismo...

Aunque algunos rincones de Barcelona en algunos barrios vendría a ser lo mismo…