Nebraska o lo que cuesta hacer felices a los demás

Este fin de semana he podido añadir una nueva película en mi lista de favoritas: Nebraska (2013), de Alexander Payne, director de otras películas que me habían gustado bastante (pero no tanto) como Entre copas, A propósito de Schmidt o Los descendientes.

A Woody, un anciano senil, le comunican que ha ganado un premio. Cree que se ha hecho rico y emprende un viaje con su hijo David para ir a cobrarlo. Poco a poco, la relación entre ambos, rota durante años por el alcoholismo de Woody, tomará un cariz distinto para sorpresa de la familia [Filmaffinity].

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Nebraska explica la historia de un padre medio ausente, un alcohólico, un marido poco ejemplar, un anciano con principios de demencia, un novio que te dejó por otra que sí se dejaba manosear, un antiguo amigo al que le dejaste dinero y no te lo devolvió. Sin embargo, no puedes odiarlo. Payne logra, de una manera fluida e irreversible, que lo veamos como un ser humano que merece ser tratado con dignidad.

Tanto por la fotografía, los personajes y la banda sonora, esta película es una delicia agridulce, una historia sencilla y conmovedora, sin ser nada sentimental.

Si os gustó The straight story, de David Lynch, Nebraska os va a encantar.

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Esto ya lo había oído antes

Pocas veces pasa que de repente, oímos en boca de alguien algo que ya habíamos oído antes, y nos parece curioso y divertido. La última vez que me ocurrió fue viendo la película Frances Ha, pero más que divertirme me dejó absolutamente estupefacta porque las palabras parecían calcadas, como si el guión de la película lo hubiera escrito la persona que me lo soltó la primera vez. Me pareció tan increíble, que días después me dediqué a investigar si había alguna conexión, porque no podía salir de mi asombro.

Ahora pienso que es mejor dejarlo así, en suspenso, y simplemente releer o escuchar de nuevo esas palabras y dejar que me emocionen una y otra vez.

 

It’s that thing when you’re with someone, and you love them and they know it, and they love you and you know it… but it’s a party… and you’re both talking to other people, and you’re laughing and shining… and you look across the room and catch each other’s eyes… but – but not because you’re possessive, or it’s precisely sexual… but because… that is your person in this life. And it’s funny and sad, but only because this life will end, and it’s this secret world that exists right there in public, unnoticed, that no one else knows about. It’s sort of like how they say that other dimensions exist all around us, but we don’t have the ability to perceive them. That’s – That’s what I want out of a relationship. Or just life, I guess.

Frances Ha quotes (Imdb)

Dogville y otros pueblos encantadores

Al re-emprender el hábito de leer después de un largo período de tiempo estudiando, me he lanzado directamente a los brazos de una de mis escritoras favoritas, Patricia Highsmith, escogiendo la selección de cuentos Pájaros a punto de volar. El primer cuento narra la historia de un joven neoyorquino que deja su trabajo de taxista para escaparse a un pueblecito de cuento al encuentro de una vida rural aparentemente amable y plácida, en que los vecinos son gente agradable y solícita hasta que el forastero hace algo que -al parecer-, se sale de las normas establecidas.

[Ojo, spoiler!!] Hacia la mitad de la historia todo se tuerce, y el maravilloso pueblo acogedor y bucólico se convierte, en un breve tiempo, en un sitio poblado de personas cuyas otrora amables sonrisas se vuelven muecas de desaprobación y hostilidad. Nuestro joven protagonista, decepcionado y asustado, acaba huyendo del pueblo, sin ni siquiera recuperar sus pertenencias.

En la misma línea podríamos encontrar otras historias como la que cuenta la película Dogville (2003), de Lars Von Trier, cuya innovadora puesta en escena va cogiendo significado a medida que avanza el largometraje, poniéndonos los pelos de punta. Sí, otro pueblecito aparentemente acogedor en el que luego uno no se quedaría ni para refugiarse de un asesino en serie en una noche de tormenta.

El caso es que, esa idea del pueblo apacible del que saldrías corriendo si le vieras las entrañas, me viene a la cabeza últimamente muy a menudo. Será por que actualmente estoy trabajando en uno de este tipo, y a diario veo actitudes que desvelan esa naturaleza inquietante. Si a sólo veinte kilómetros de Barcelona tengo estas sensaciones, ¿cómo será en esos pueblos de autobús interurbano diario?

Seguiré observando…

Aunque algunos rincones de Barcelona en algunos barrios vendría a ser lo mismo...

Aunque algunos rincones de Barcelona en algunos barrios vendría a ser lo mismo…