Instrucciones de uso

Rebuscando entre archivos antiguos me encontré con un escrito que casi había olvidado. El archivo se llamaba “instrucciones de uso”, y era precisamente eso, unas instrucciones de uso de una servidora. Imagina que quieres adoptar un perro; ¿verdad que te iría bien que te dieran un manual de cómo “funciona” el perro? Es decir, una explicación de su carácter, lo que le gusta y lo que no, qué esperar de él, cómo manejarlo, etc. Parece un simple entretenimiento para una tarde de domingo lluviosa como hoy; pero, ¿para qué había necesitado redactar unas instrucciones de uso?

A veces, en nuestra desesperación por encajar algo o alguien en nuestra vida, podemos llegar a hacer auténticas tonterías. Si estamos obcecados con algo, nada importa que los demás nos digan que estamos rozando la irracionalidad. Desesperamos por poder moldear “eso” y hacer que fluya. Si parece que él no me entiende, si nos peleamos por cualquier tontería, si la incredulidad me paraliza, y aún así no puedo abrir los ojos, ¿cual es la solución? Y un día, pensé: voy a escribir unas instrucciones de uso de mi persona y se las voy a dar para que entienda quién soy. Quizás así deje de enfadarse conmigo y sobretodo, que deje de esperar cosas de mí que no puedo dar.

Y lo sorprendente para mí aunque previsible para los demás, es que estas instrucciones me sirvieron mucho más a mí de lo que seguramente le hubieran servido a él… De hecho se quedaron “en el cajón” y allí están, para que cada vez que me vuelvo loca con algo, releerlas y poder entenderme a mí misma y dejar de preocuparme por esto o por aquéllo. No hay nada mejor para quitarse preocupaciones de encima que conocerse bien a uno mismo… que cada uno haga lo que esté en su mano para lograrlo, incluso escribir unas “instrucciones de uso”.

Instrucciones para no soñar

Busco instrucciones para no soñar, para no quedarme prendada de las nubes de mi imaginación.

Me da miedo que de tanto imaginar convierta mi vida real en un aborto de lo que pudo ser.

No puedo culpar a nadie, está en mis manos poner los pies en la tierra, abrir los ojos y mantenerme sobria.

Pero levantar el ancla es tan fácil para mí, tan tentador…

En mi cerebro dormido, lo que no pudo ser, simplemente es. Entonces, ¿cómo puede una no dejarse llevar?

En los sueños, los recuerdos se entremezclan distorsionando la realidad. ¿Pasó aquello o me lo imaginé?

Qué más da… si yo me regalo lo que no me atreví a decir, o a hacer, o hago decir cosas que nunca escuché (ni escucharé).

Dulce viaje que nubla la mente y me hace sonreír…

A menudo mi mente es como un ramillete de globos de colores :)

A menudo mi mente es como un ramillete de globos de colores :)

No ficción (I)

En sus recuerdos habían vivido en el mundo de la improvisación, y sin embargo, era totalmente armónico. Iban de un lado para otro, y parecía como si sus apetencias estuvieran sincronizadas.

No iban cogidos de la mano por la calle, pero ella no sabe decir si le hubiera gustado hacerlo. Sí reconoce que cuando se cruzaban con alguna chica atractiva, ella miraba hacia otro lado para no tener que descubrir cómo él la seguía con la mirada. ¿Necesario? Quizá no, pero no quería tener que comprobarlo.

A veces ambos se comportaban como adolescentes, como cuando ella llevó la moto de él desde el asiento de atrás unos pocos metros, y se rieron como locos. Otras veces, la confusa visión de las consecuencias la asustaba un poco, pero sólo por algunos momentos.

Comían sushi medio desnudos en el balcón de su habitación, viendo los turistas pasear por la plaza a unos metros debajo de sus pies. Después se acostaban, no sin antes él bajar apresuradamente la persiana de juncos pintada de verde, como si quisiera dar fin al espectáculo. Ella se reía de él desde la cama, sabiendo que en una gran ciudad a nadie le interesa demasiado la vida de los demás.

Una mañana de domingo bajaron juntos hasta la playa después de haber dormido unas pocas horas. Ella llevaba el vestido negro que se había puesto para salir a cenar la noche anterior: al principio le pareció divertido, pues le recordaba una de aquellas películas en las que las noches nunca acaban y los protagonistas acaban viendo la salida del sol. Entonces, en un arranque de lucidez, ella le planteó la posibilidad de que dejara allí mismo la relación. Él reaccionó lamentándose de que aquella madrugada hubiera sido entonces la que habían hecho el amor por última vez.

Unas horas después, de camino hacia su casa, la visión de las huellas de la arena en zapatos y vestido le hicieron sentir sucia. Pero decidió quedarse.

Hay viajes que sólo se acaban si uno se apea.

Hay viajes que sólo se acaban si uno se apea.

Psicoanàlisi gratuït

Quan treballes de cara al públic, has de saber tractar amb gent de tota mena. Hom detecta comportaments bastant generalitzats que tractes de comprendre per no estar contínuament enfadat amb el món (per exemple, pares que deixen anar els nens a la biblioteca com si fossin al parc); després hi ha casos individuals que són autèntica carn de psicoanalista. D’aquests darrers només queda desentendre’s, per no haver de fer-se mala sang.

Tot i això, haig de reconèixer que en el fons m’encanta, ja que a partir d’aquestes situacions gaudeixo elaborant un psicoanàlisi gratuït d’aquella persona, preguntant-me i raonant quin coi de problema té.

L’últim cas que vaig “patir” a la biblioteca va ser quan un usuari va venir a preguntar on teníem llibres en anglès. La conversa va anar més o menys així:

– Bona tarda, teniu llibres en anglès?

– Novel·la…?

– Sí.

– Aquí darrera d’aquesta prestatgeria -vaig respondre assenyalant la prestatgeria en qüestió-, hi ha la novel·la en diferents idiomes, entre ells, l’anglès.

– Molt bé, d’acord, gràcies.

Al cap duna bona estona es va acostar de nou l’usuari al taulell de préstec amb uns quants llibres a la mà, em mirà sorneguer i digué, assenyalant uns prestatges de la zona de llibres de coneixements:

– També he vist que teniu d’aquells llibres petits en anglès.

– Sí, són relats adaptats per aprendre anglès -vaig respondre de seguida, en saber de què parlava.

– No m’ho havies dit.

– Perdoni… En preguntar-li si volia novel·la i en dir-me vostè que sí, no he pensat en els llibres per aprendre anglès. No són pròpiament novel·les…

– Sí, però són en anglès i jo t’he demanat llibres en anglès.

– Ah… -vaig respondre, completament descol·locada.

-Tranquil·la, no passa res… – contestà, amb un to paternalista. I adoptant un to més aviat alliçonador, afegí- Però espero que ho tinguis en compte per la propera persona que vingui demanant el mateix, que teniu llibres en anglès en dos llocs diferents. Bona tarda.

Infeliç…?

No entendré mai les persones que es senten satisfetes quan poden posicionar-se per "sobre" dels altres...

No entendré mai les persones que es senten satisfetes quan poden posicionar-se per “sobre” dels altres…

Dogville y otros pueblos encantadores

Al re-emprender el hábito de leer después de un largo período de tiempo estudiando, me he lanzado directamente a los brazos de una de mis escritoras favoritas, Patricia Highsmith, escogiendo la selección de cuentos Pájaros a punto de volar. El primer cuento narra la historia de un joven neoyorquino que deja su trabajo de taxista para escaparse a un pueblecito de cuento al encuentro de una vida rural aparentemente amable y plácida, en que los vecinos son gente agradable y solícita hasta que el forastero hace algo que -al parecer-, se sale de las normas establecidas.

[Ojo, spoiler!!] Hacia la mitad de la historia todo se tuerce, y el maravilloso pueblo acogedor y bucólico se convierte, en un breve tiempo, en un sitio poblado de personas cuyas otrora amables sonrisas se vuelven muecas de desaprobación y hostilidad. Nuestro joven protagonista, decepcionado y asustado, acaba huyendo del pueblo, sin ni siquiera recuperar sus pertenencias.

En la misma línea podríamos encontrar otras historias como la que cuenta la película Dogville (2003), de Lars Von Trier, cuya innovadora puesta en escena va cogiendo significado a medida que avanza el largometraje, poniéndonos los pelos de punta. Sí, otro pueblecito aparentemente acogedor en el que luego uno no se quedaría ni para refugiarse de un asesino en serie en una noche de tormenta.

El caso es que, esa idea del pueblo apacible del que saldrías corriendo si le vieras las entrañas, me viene a la cabeza últimamente muy a menudo. Será por que actualmente estoy trabajando en uno de este tipo, y a diario veo actitudes que desvelan esa naturaleza inquietante. Si a sólo veinte kilómetros de Barcelona tengo estas sensaciones, ¿cómo será en esos pueblos de autobús interurbano diario?

Seguiré observando…

Aunque algunos rincones de Barcelona en algunos barrios vendría a ser lo mismo...

Aunque algunos rincones de Barcelona en algunos barrios vendría a ser lo mismo…